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El traidor revelado

Valeria Duarte es felicitada por su éxito en el proyecto del Centro Tecnológico de Plata, mientras el Director Guzmán es despedido por filtrar secretos de la empresa. Isabela interviene, generando tensión y acusaciones entre los personajes.¿Qué secretos más ocultos saldrán a la luz en la próxima confrontación entre Valeria e Isabela?
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Crítica de este episodio

Ella llegó para marcar territorio

La entrada de la mujer en el vestido rojo fue como una bomba de relojería. Su forma de aferrarse al brazo del jefe y mirar con desdén a la otra chica deja claro que no vino a hacer amigos. En Mi ex, mi jefe, este tipo de triángulos amorosos tóxicos en el entorno laboral generan una ansiedad que no puedes dejar de mirar, es adictivo.

El aplauso irónico duele más que un grito

Ese momento en que los compañeros aplauden lentamente mientras ella está en el suelo es brutal. Muestra perfectamente la crueldad de las dinámicas de grupo cuando hay un chivo expiatorio. La expresión de dolor en el rostro de la protagonista al levantarse en Mi ex, mi jefe es tan real que casi puedes sentir la humedad en sus ojos y la vergüenza quemando su piel.

Él no la defiende y eso lo dice todo

Lo más triste no es el acoso, sino la pasividad de él. Aunque parece querer decir algo, su lenguaje corporal es débil ante la agresividad de su nueva pareja. En Mi ex, mi jefe, ver cómo el protagonista masculino permite que humillen a quien probablemente aún ama es frustrante, pero muy humano y realista para este tipo de dramas de oficina.

Detalles que gritan incomodidad

Me encanta cómo la cámara se enfoca en las manos y las miradas fugaces. La forma en que la chica de blanco cruza los brazos defensivamente mientras la otra habla con arrogancia crea una barrera visual perfecta. Mi ex, mi jefe utiliza el espacio de la oficina para mostrar quién tiene el control y quién está siendo excluido, un detalle de dirección excelente.

Una montaña rusa emocional en minutos

En pocos minutos pasamos de la esperanza a la humillación total. La escena donde la protagonista intenta mantener la compostura mientras es ridiculizada es actuación pura. Verla luchar contra las lágrimas mientras la otra mujer sonríe con satisfacción en Mi ex, mi jefe es difícil de ver, pero imposible de dejar de mirar por la intensidad emocional.

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