Ver a Javier proteger a María Torres mientras Laura Hernández llora desconsolada es un golpe emocional fuerte. La tensión entre ellos se siente real, como si cada palabra fuera un cuchillo. En Soy la protagonista, nadie sale ileso de sus decisiones.
Laura creía hacer lo correcto al sacrificar a un niño, pero Javier le recuerda que María también es inocente. Esa escena donde él la abraza y le dice que no sabe distinguir el bien del mal... escalofriante. Soy la protagonista no tiene miedo de mostrar grises morales.
Cuando revelan que el padre es el ex prometido de Carmen Torres, la cara de Laura se descompone. ¡Qué giro! No esperaba que la traición viniera de tan cerca. Soy la protagonista sabe cómo mantenernos pegados a la pantalla con revelaciones así.
Ella arriesgó su vida por salvar a alguien que ni siquiera la valora. Duele ver cómo Javier la defiende con tanta furia, como si ella fuera lo único puro en este caos. En Soy la protagonista, los personajes secundarios tienen más profundidad que muchos protagonistas.
Su llanto parece genuino, pero sus acciones fueron calculadas. ¿Realmente se equivocó o solo fue descubierta? La ambigüedad de su personaje en Soy la protagonista me tiene confundida y encantada a la vez. Nadie es blanco o negro aquí.